Nadie esperaba su venganza.

Llegó al poblado sin hacer ruido, poco después del mediodía, cuando los lugareños dormían apaciblemente la siesta, cuando el polvo de los caminos, tan activo durante toda la mañana, reposaba a la espera del trajín vespertino, cuando los animales sólo espantaban moscas con sus rabos, cuando ni el viento osaba dar un paso.

Regresó al poblado cuando ya nadie esperaba su venganza.


Texto y dibujos: Cqade