Algunas personas piensan que, amparándose en la libertad de expresión (derecho fundamental recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos) pueden escribir en su blog lo que les dé la gana y como les dé la gana.

Las nuevas tecnologías nos permiten hacer público aquello que pensamos sobre los temas más diversos.

Creemos tener algo que compartir y disponemos de los medios para hacerlo llegar a todos los rincones del mundo. Nunca antes los ciudadanos anónimos habíamos tenido una herramienta tan poderosa al alcance de las manos.

Sin embargo, es un error prepotente decir que "escribo lo que me da la gana", porque debemos tener muy claro que esa afirmación es falsa: No tenemos derecho a publicar los que nos dé la gana; no si se trata de amenazas, insultos, difamaciones, etc. que desde el anonimato se expande como la peste de forma impune.

Tenemos derecho a pensar y escribir libremente de absolutamente todos los temas, pero desde el momento que los hacemos públicos esos derechos se ven forzosamente limitados. Y cuando en La Coctelera terminamos de escribir un post, ponemos el cursor sobre el botón PUBLICAR y hacemos clic con el ratón, en ese mismo instante nuestras palabras pueden leerse en todo el planeta y están aceptando los límites de la libertad de expresión.

Pero, además de la herramienta llamada internet, necesitamos previamente otra mucho más importante: el lenguaje.

Desgraciadamente podemos ver y leer muchos blogs en los que sus autores están sólo interesados en que los demás lean las cosas que ellos escriben, creyendo tal vez que pueden interesar a otras personas, y lo hacen de manera tan grosera como grotesca, dándole patadas a la ortografía, a la sintaxis y a la lengua entera. Creen tener derecho a escribir como les dé la gana y lo dicen con la chulería y el desparpajo tan propios de los ignorantes.

Yo no voy a poner en duda ese derecho, pero no entiendo -porque me parece muy triste- que se renuncie a un derecho mucho más importante: el de aprender a escribir.

Me parecería más correcto que, antes de lanzarse a la pista de baile, se aprendiera a bailar.

Pero, lo dicho, cada uno es libre de difundir a los cuatro vientos su propia ignorancia.