Vivía en las afueras de la aldea un pequeño tejedor que durante toda la semana tejía hermosas y coloridas prendas de vestir: jerseis, gorros, bufandas, guantes, ponchos...
Adoraba su trabajo y se entregaba a él con gran pasión. Muchos días se acostaba bien entrada la noche y se levantaba incluso antes del amanecer.
Cada prenda que acababa la miraba con el cariño que se tiene a las cosas que se han realizado con esfuerzo y tesón.
Satisfecho por su trabajo, acudía los sábados al mercado de la plaza dispuesto a vender su mercancía. Colocaba con delicadeza y muy buen gusto su puesto y se sentaba a esperar a los clientes. Cuando éstos llegaban, no tenía reparos en explicarles los más pequeños detalles de cada prenda, y no había comprador que, tras pagar lo convenido, no se marchara satisfecho del puesto luciendo orgulloso la prenda que acababa de adquirir.
Pero un buen día, el pequeño tejedor comprobó que algunas de las personas que paseaban por el mercado se acercaban a su puesto y tomaban alguna prenda y se la llevaban sin siquiera decirle nada a él. Al principio no le dio mayor importancia, pues a fin de cuentas eran unos sencillos guantes. "Además, pensó, me harán buena propaganda".
Sin embargo, fueron cada vez más las personas que se llevaban las prendas que él había tejido durante toda la semana. Se las llevaban sin pagarlas, sin decirle ni buenos días, ni "buen trabajo, muchacho". Las lucían felices mientras el pequeño tejedor padecía de un doble sentimiento: por un lado el orgullo de ver por todos tan bien apreciado su trabajo y por otro el de no ver recompensado su esfuerzo.
Uno de aquellos sábados reprochó a los habitantes de la aldea que no le pagaran las prendas que se llevaban.
- Eres un artista, pequeño tejedor, no un mero mercader. Deberías estar orgulloso de que luzcamos tus preciosas prendas.
- Debes compartir con todos este don que la naturaleza te ha dado, pequeño tejedor.
Y, ante la pregunta del pequeño tejedor sobre lo que ellos compartían, los aldeanos se burlaban y le insultaban llamándolo miserable:
- No querrás que compartamos las lechugas de nuestros huertos, o el pan de nuestros hornos, o la leche de nuestras vacas.
- Nosotros no somos artistas, pequeño y miserable tejedor.
Así llegó el día en que el pequeño tejedor dejó de acudir al mercado, y las prendas que seguía tejiendo las guardaba con cuidado en un baúl a la espera de tiempos mejores.
Y los sábados por la mañana, en lugar de ir al pueblo para montar su puesto, prefirió quedarse en su casa viendo la tele-tienda, donde al comprar dos cortadoras sin cuchilla te regalaban la tercera.
Cqade


15 jun 2009 | 05:26 PM
Buena metáfora, tienes toda la razón. Si, por lo menos tuviéramos el detalle de decir dónde lo hemos robado. Serviría de propaganda... Pero me temo que no es lo habitual.
A ver si nos concienciamos.
Un saludo.
15 jun 2009 | 07:38 PM
Lidia:
Supongo que lo complicado es conjugar los derechos de los creadores con los de los usuarios. Por otro lado, el derecho a la copia privada, que permite a una persona realizar la copia de una obra para uso privado sin ánimo de lucro, es un derecho irrenunciable.
La lucha a favor del intercambio libre de contenidos o de archivos, que favorece la expansión de esas manifestaciones culturales, debe cargarse de razones que, a la vez, respeten también los derechos de los autores.
Lo que desde ningún punto de vista es válido son los insultos, la chulería y las bravuconadas de gente que dice defender sus derechos y no respeta los de los demás. Quizás ponga algún día un ejemplo de esto
Gracias por tu visita.
Saludos.
15 jun 2009 | 08:19 PM
Buena tarde-noche.
kisses
15 jun 2009 | 08:44 PM
Me ha encantado tu cuento. Tiene un fondo maravilloso. Y a mi me llega mucho el ver el desprecio de otros a la obra de los cien mil maravillosos artesanos..... Entiendo su impotencia, y su dolor.
Y quizas todos tendriamos que vernos reflejados en la bravuconeria de los otros...
Hay algo que se llama solidaridad, compartir... que creo que estamos olvidando.
Me ha gustado mucho,
Besitos
16 jun 2009 | 03:16 AM
Hola, cómo estás, espero que bien, muy bonito el cuento de la leyenda del tejedor... tiene brillo e i aginación que conjugan con la solidaridad y el compatir que el mundo de hoy hace mucha falta, adios...
16 jun 2009 | 10:11 AM
Buenos dias pòco mas te puedo decir que no se haya dicho
UN ABRAZO
13 ago 2009 | 02:08 PM
Estoy en favor del intercambio de archivos o de cualquier cosas siempre cuando el autor sea el iniciador de este intercambio o que lo permita, o que dicho intercambio no afecte sus derechos o perjudique de cualquier forma.
Perjudicar es:
poner su obra en un contexto inadecuado que dañe su imagen
frenar sus ingresos, fruto de su trabajo
cualquier otra forma es valida
Es decir que es injusto que nosotros hayamos comprado algo y otros no.
Matiz: En el absoluto, la musica no puede ser objeto de compra, es decir que en el absoluto las obras musicales mp3 por ejemplo tienen que ser gratuitas, ya que el ingreso de los cantantes tiene que ser de los conciertos y apariciones publicas concertadas, ingreso que ELLOS compartirian con los autores y compositores.
O sea el usuario no es el que tiene que pagar al autor sino el que hace dinero con su obra. Y estos tienes que hacer dinero moviendose el culo.
La SGAE tiene los dias contados porque no responde a las preguntas escenciales que son por ejemplo quien gana en todo eso.
15 oct 2009 | 07:37 PM
¡El relato es genial! Me encantó el final.