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La Coctelera

Apuntes sobre una servilleta. IX: Estaba harta de tanta gripe.

Estaba harta de tanta gripe.

El frío había llegado de repente. Llevaba toda la semana despachando sin parar antitusivos, antigripales y anticatarrales. Se había quedado sola en la farmacia porque los dos mancebos estaban encamados con 39 de fiebre.

Agotada por el trabajo incesante, tal vez desequilibrada por el constante tintineo de la campanilla de la puerta, y las toses y estornudos de los clientes, se le ocurrió exclamar:

- ¿Es que a esta farmacia sólo viene gente enferma?

Cesaron por un instante todos los ruidos y pareciera que sólo se oía el pulso de tanta fiebre acumulada en tan pocos metros. Miró los ojos llorosos, las narices enrojecidas y el gesto desvalido de sus clientes y, poniendo su mejor rostro, ella misma se contestó:

- Claro que, si quisiera clientes sanos, debería haber abierto una frutería.

Y continuó expidiendo medicamentos mientras notaba que a ella tambíen le subía la temperatura.

Cuando esta mañana he ido a comprar mi tercera caja de Frenadol, la farmacia estaba cerrada.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. VIII: Gritos desesperados.

En un comentario al post anterior, Gritosdesesperados me pregunta si estos dibujos los hago en un plis-plas, sea donde sea y si necesito fijarme en alguien.

Gritosdeseperados no es preguntona, sino que tiene curiosidad. Una persona no puede alcanzar la sabiduría si no le mueve la curiosidad. Incluso la curiosidad por los pequeños e insignificantes detalles de la vida, como es el caso que nos ocupa.

Responderé muy gustoso a sus preguntas empezando por la tercera: No necesito fijarme en nadie. Más bien al contrario, soy mal caricaturista y peor retratista. Dibujo monigotes que normalmente no representan a nadie en concreto sino a sí mismos. Surgen de manera espontánea, la mayor parte de las veces cuando lo que me rodea me aburre... me voy abstrayendo... voy desconectando... y nacen de la punta del boli para ir a parar a los márgenes de los periódicos, a las servilletas y manteles de papel, a las convocatorias de reuniones, a los sobres de los recibos bancarios...

Por eso suelo llevar conmigo una libreta de tamaño octavilla, de ochenta páginas en blanco (ni rayas ni cuadrícula), de esas de tomar notas, marca Enri. En el bolsillo de mi camisa siempre llevo un bolígrafo de tinta azul. Reconozco mis rarezas al respecto. Descubrí hace unos meses los Pilot G-2 y me gustó cómo recorren el papel, si bien al final de su vida útil comienzan a escupir tinta. Me gustan retráctiles, es decir, de botoncito.

Con estas herramientas suelo anotar frases que se me ocurren cuando estoy en algún sitio concreto o cuando voy en el autobús o caminando por la calle. Muchas veces son también garabatos.

A raíz de un comentario de un parásito, mi piojo particular (no estaba muerto, que estaba de parranda), que puso en duda la originalidad de mi avatar, se me ocurrió esta serie de apuntes sobre una servilleta. Ponerme a defender la autoría en un blog anónimo como es éste me resulta absolutamente aburrido. Naturalmente, lo de las servilletas es un recurso llamémosle literario. Queda dicho que normalmente estos dibujos los hago en una libreta.

Este es el dibujito que se me ha ocurrido al leer el comentario de Gritosdesesperados.

Se presenta en su blog de la siguiente manera: "Necesito gritar.... Hay algo en mi interior que me ahoga y no me deja respirar..." En esas palabras no hay miedo, sino rebeldía contenida, casi impotencia que algún día va a estallar. Un grito desesperado que parece advertirnos del peligro de ese algo que le ahoga y que, sin duda, terminará ahogándonos a todos como no pongamos rápidamente remedio.

 Este monigote no ha sido el único del reto de Gritosdesesperados, pero sí el que al final he decidido escanear y darle color y efectos con un sencillo programa de edición de imágenes llamado PhotoFiltre que podemos descargarnos de la red gratuitamente.

Este es mi regalo para la preguntona curiosona.

Apuntes sobre una servilleta. VII: Parecía que nada le parecía suficiente.

Parecía que nada le parecía suficiente.

Era como si creyera que ya lo había sido todo, y nos miraba como si hubiera decidido hacerse con la  presidencia del club deportivo más poderoso de la Tierra.

El deporte, para él, adocenaba a las masas más todavía que la política.

Pero ésta ya la había probado. O, al menos, eso nos parecía.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. VI: Una señora con lazo rojo en el pelo.

Una señora con lazo rojo en el pelo.

Entró al restaurante por la puerta de la cafetería. Su aspecto era tan firme como frágil. Sólo supo -o sólo quiso- mirar su mesa, y hacia ella, precedida por la camarera, se dirigió con paso seguro no exento de languidez.

Se sentó erguida, tomó entre sus manos la carta y se puso a ojearla con evidente desinterés. Más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, su ligero sobrepeso le regalaba un cutis envidiable.

Llevaba un lazo rojo. En el pelo.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. V: Se sentía firme, inflexible...

Se sentía firme, inflexible...

Se sentía poderoso, admirado, envidiado, firme, inflexible... En realidad no era más que la dorada empuñadura de un bastón.

La que realmente evitaba que alguien resbalara y diera con sus huesos sobre la acera mojada por la lluvia era la pequeña y humilde goma que se enfrentaba a cada paso contra el sucio suelo. Ella hacía posible que el resto de la estructura pudiera cumplir su función con una dignidad suficiente.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. IV: Se sorprendía con gran facilidad.

Se sorprendía con gran facilidad.

La nueva doncella se sorprendía con gran facilidad. Esto no era nada extraño ni nuevo en la mansión de los duques. La anterior doncella, sorpresivamente, murió de un ataque de sorpresa.

"Señora, ¿no me dijisteis que el servicio ni vemos ni oímos?", preguntó el apuesto mozo de cuadra.

"Ni sentís ni padecéis, pero os sorprendéis con gran facilidad", respondió la duquesa con indiferencia, mientras limpiaba sus desbordados labios con un pañuelo de encaje.

Sin embargo, la nueva doncella decidió en aquel mismo instante vivir, al menos, hasta ver morir de vieja a la duquesa. Aunque jamás consiguió dejar de sorprenderse. Sobre todo con el mozo de cuadra.

Evidentemente, no era amor lo que nunca sintió por él.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. III: Esperaba una comisión en primera línea de playa.

En muchas ocasiones nos dejamos vencer por los prejuicios. O, mejor dicho, por las presunciones o las predisposiciones.

La imagen exterior de las personas dice mucho de sí mismas, pero también puede ocultar aspectos que pudieran ser valiosísimos para asumir, disponer y -llegado el caso- juzgar en lugar de prejuzgar.

El personaje de hoy es, efectivamente, una segunda lectura del de ayer.


Esperaba una comisión en primera línea de playa.

Parecía querer aprovechar los últimos coletazos del verano póstumo. Su piel bronceada, sus gafas oscuras, su gesto malhumorado, el flequillo despeinado, bigote tintado... más parecía un exalcalde de ciudad costera que un modesto comerciante del local de al lado comiendo el menú del día de 9.50 €.


Texto y dibujos: Cqade

Apuntes sobre una servilleta. II: Si fuera extraterrestre sería francamente feo.

Si fuera extraterrestre sería francamente feo.

A un solo paso de ser una persona definitivamente nada agraciada, tenía, sin embargo, un decisivo atractivo con el que se simpatizaba de manera inmediata y espontánea. Alguien de mi mesa comentó "Si fuera extraterrestre, sería francamente feo".


Texto y dibujos: Cqade

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